sábado, 15 de septiembre de 2012

La llave


Cuento base para guión de cortometraje
Percy Grundy Bilbao
Septiembre 2012


Lentamente, las luces de un nuevo día se filtraban a través de los resquicios que dejaban las depresiones de las montañas que rodean la ciudad de La Paz, la temperatura del momento permitía vaticinar un claro y tibio día primaveral. La cabeza de Pedro de abundante y rizada cabellera permanecía hundida en la almohada, mientras su mente continuaba sumida en el estado letárgico que produce el despertarse a una hora no acostumbrada. Pedro era noctambulo por excelencia, la mayor parte de su actividad la realizaba durante la noche, por consiguiente madrugar no era una de sus costumbres. Sintió el cuerpo demasiado húmedo de transpiración, atribuyo a esta melosidad molesta el haber despertado tan temprano.  Comprendió rápidamente que no podía seguir durmiendo en esas condiciones, muy a su pesar decidió levantarse con la intención de tomar una fresca ducha y continuar el día.

¿Levantarse? tendría que hacerlo de a poco. Pedro se sentó al borde de la cama como haciendo pausa para continuar con más impulso.  Pasaron algunos minutos en esta posición, se rascó la cabeza y frotó los ojos, estiró los brazos disfrutando la agradable sensación muscular, luego quedó estático un tiempo mientras transitaba en su mente, el deseo de retroceder, para volver a acostarse cubriéndose con las frazadas y continuar con el placentero sueño. Estando ya a punto de estirar el cuerpo sobre la cama, vio entre sus pies una llave suelta. Se trataba de una llave poco común y esto llamó fuertemente su atención. Pedro no era un hombre muy meticuloso así que pensó que la llave habría caído de alguno de sus bolsillos pero no recordaba a que cerradura pertenecía, levantó la llave para depositarla sobre la mesita de noche al lado de la cama, olvidado el deseo de volver a dormir se dirigió a la ducha refrescándose con agua ligeramente templada.

Habían corrido algunos minutos, Pedro terminó de acicalarse, pensaba en organizar su día  mientras saboreaba un amargo café, súbitamente, recordó el hallazgo de la mañana y sintió curiosidad por saber a que puerta pertenecía la referida llavecita. Mentalmente repasó todas las puertas del departamento, no pudo asociar la llave con ninguna de ellas. La solución no estaba en su memoria, decidió que debía probar en cada una de las cerraduras de su vivienda y una por una fue descartado a todas las puertas del interior, probó sin éxito en muebles, escritorios y en el cofre de seguridad. Salió del departamento e intentó meter la llave en la cerradura de la puerta principal y el resultado fue el mismo, la llave no correspondía a esa puerta. Intrigado más aún, Pedro decidió probar en las diferentes puertas del piso en que se encontraba su departamento, ninguna de las cerraduras coincidía con el esquema que le permitiera introducir la llave a su interior.

El joven comenzó a sentir una extraña ansiedad por descubrir la cerradura a la que pertenecía la llave. Recorrió todos los pisos del edificio probando en cada una de las puertas exteriores de los departamentos, al no encontrar una sola cerradura que permitiera introducir la llave, decidió salir a la calle y probar en cada puerta de su cuadra, encontrando invariablemente el mismo resultado, continuó luego con las puertas del manzano, de los manzanos aledaños, en cada una de las casas y edificios de la zona, alcanzando siempre al mismo resultado. Cuanto mas puertas probaba sin éxito, mayor era la ansiedad que ya empezaba a convertirse en angustia. Pasaron las hora y Pedro siguió probando cada una de las puertas del barrio no sin tropezar con algunas personas que lo miraban indignados pensando que se trataba de un extraño ladrón o creyendo que estaba demente.

Llegó la noche, el cansancio obligó a Pedro a regresar a su morada, no había comido nada durante el día, pero, no sentía hambre, tomo tres vasos de agua al hilo, se tumbó en la cama quedando profundamente dormido. Pasaron solamente dos horas cuando Pedro despertó y su mente lo llevó nuevamente a la llave, planificó como recorrería al día siguiente, las calles de los barrios aledaños para poder probar la llave en cada una de las puertas que encontrase en su camino. Apenas despuntó el nuevo día Pedro inició búsqueda con mayor ahínco que la jornada anterior, lamentablemente con similar resultado. La frustración que le producía una prueba fallida aumentaba la ansiedad angustiosa por descubrir la solución a su terrible inquietud.

Los días fueron sucediendo uno tras otro, Pedro fue reduciendo cada vez mas el tiempo dedicado al sueño, las noches servían para planificar los recorridos del día siguiente, y el día para concretarlos. Cada intento fallido aumentaba la obsesión y la desesperación por buscar la siguiente puerta. Pedro perdió peso, descuidó sus rutinas de aseo, comía muy poco aunque si ingería mucha cantidad de agua.

Para Pedro todas las cerraduras eran posibles candidatas, probando inclusive cada una de las casillas del correo, los candados de los nichos del Cementerio General, y las cerraduras de los automóviles estacionados en su camino.

Transcurrieron tres semanas desde que Pedro encontrara la llave a los pies de su cama, cuando una mañana se encontraba probando las puertas de la zona cerca al Montículo, la llave coincidió con la cerradura de una vetusta puerta, los goznes de bronce corroídos y el maderamen astillado daban la impresión, de que esta puerta no fue abierta en mucho tiempo. El corazón de pedro saltó por la emoción del descubrimiento, por fin había un cerrojo que permitía introducir la llave, suavemente giró la muñeca, la cerradura cedió permitiendo empujar la puerta para abrirla. Desde afuera se veía el ambiente oscuro, no era posible distinguir nada. Pedro decidió dar un paso hacia adentro, pausadamente siguieron más pasos hacia el interior, hasta que se detuvo cuando vio parado al frente, a un viejo muy alto y de cejas muy espesas. El hombre viejo sonrió, mirando al joven le dijo. –Pasa Pedro, te estuve esperando por varios días. ¡Bienvenido al infierno JA JA JA JA!.

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