Percy Grundy Bilbao
Septiembre 2011
Era una monja que de
tanto rezar se convirtió en campana.
Era una monja que de
tanto esperar se convirtió en semana.
Era una señora que de
tanto estar sentada se volvió una silla.
Era una señora que de
tanto deshojar se volvió semilla.
Era una mujer que de
tanto cocinar se convirtió en olla.
Era una mujer que de
tanto llorar se convirtió en cebolla.
Era una doncella que
de tanto limpiar se volvió plumero.
Era una doncella que
de tanto arreglar se volvió florero.
Era una chiquilla que
de tanto hacer deporte se convirtió en gol.
Era una chiquilla que
de tanto calentarse se convirtió en sol.
Era una niña que de
tanto caminar se volvió camino.
Era una niña que de
tanto sazonar se volvió comino.
Era una vieja que de
tanto suponer se convirtió en calumnia.
Era una vieja que de
tanto sospechar se convirtió en ruina.
Era una condesa que de
tanto nadar se volvió una pata.
Era una condesa que de
tanto arañar se volvió una gata.
Era una amiga que de tanto dar a luz se convirtió en foco.
Era una amiga que de tanto estornudar se convirtió en moco.
Era una dama que de tanto estar parada se volvió bastón.
Era una dama que de tanto estar dormida se volvió colchón.
Era una beata que de tanto orar se convirtió en rosario.
Era una beata que de tanto cantar se convirtió en canario.
Era un hada que de tanto encantar se volvió conjuro.
Era un hada que de tanto hechizar se volvió un puro.
Era una boba que de tanto pensar se convirtió en talento.
Era una boba que de tanto sonreír se convirtió en viento.
Era una mujer que de tanto criticar se volvió un sarcasmo.
Era una mujer que de tanto lamentar se volvió un espasmo.
Era una adivina que de tanto augurar se convirtió en
vaticinio.
Era una adivina que de tanto embaucar se convirtió en
escrutinio.
Era una mozuela que de tanto fingir se volvió situación.
Era una mozuela que de tanto mentir se volvió religión.
Era una esposa que de tanto dudar se convirtió en recelo.
Era una esposa que de tanto gritar... se quedó re sola.
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