sábado, 11 de agosto de 2012

Artemio el dragón.


Cuento
Percy Grundy Bilbao
2011

Bianca era una joven y tímida auditora financiera asignada por la casa matriz, para revisar los estados financieros de la firma de capitales para la explotación minera en Tupiza al sur de Bolivia, esta empresa se dedicaba asimismo a la importación de insumos para la minería, explosivos y maquinaria pesada. Bianca era una mujer no muy alta, cuerpo muy bien formado, aunque lo que más llamaba la atención era su perfecto rostro, ojos color de miel, pelo muy oscuro que contrastaba con la piel muy blanca y sin palidez, labios finos profundamente sensuales, en fin era un rostro difícil de olvidar. El dragón trabajaba como asistente de contaduría  encargado de elaborar los estados de la empresa. En esta oportunidad el dragón fue asignado por gerencia con el propósito de apoyar la auditoría en la tarea de revisión de los estados. Las visitas de trabajo de Bianca se realizaban a partir de las 14:30 de la tarde y el horario de salida estaba establecido a las 18:30 horario válido mientras durase la revisión de la contabilidad, sin embargo, por las características particulares del trabajo de auditoria, este horario se prolongaba por más tiempo de las horas previstas.  Durante las dos primeras jornadas el proceso de trabajo transcurrió normalmente sin que hubiese ni el mas mínimo resquicio de atracción entre ambos, fue durante la tercera noche que sucedió algo inesperado, estando el dragón concentrado en la revisión de los papeles, Bianca sin decir palabra alguna metió la mano a su cartera, extrajo 2 preservativos y sobre la palma de su mano se los enseño al dragón. Éste, mudo por la sorpresa, recogió los preservativos y sin decir ni una sola palabra de manera delicada desnudó a la joven. Transcurrió hora y media de un amor delicado y armonioso, el dragón vistió a la joven con la misma suavidad que había tenido cuando la desvistió, todo este tiempo no hubo palabra alguna, ningún compromiso, solo miradas de dulce ternura. El dragón volvió a su casa, miró a su mujer pero no sintió ningún remordimiento, se acostó en silencio, quedó rápidamente dormido con una serena sonrisa de alegría. El dragón nunca más despertó.

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