sábado, 11 de agosto de 2012

El equilibrio


Cuento
Percy Grundy B.
En algún momento de 2002

Tuve la ocasión de conocer a un singular individuo para el cual una de sus máximas mas citadas fue asegurar que el “whisky on the rocks” era la bebida para saborear con los cinco sentidos, el color del vaso de un buen whisky satisface a la vista, el aroma satisface al olfato, el sabor al gusto, el frío del vaso al tocar una mejilla satisface el tacto y el ruido del los hielos al chocar con el vidrio alegran el oído, pero al llegar al whisky número diez, el único sentido que importaba no perder era: el sentido del equilibrio.

Dado que este caballero era un individuo “de tener”, comprobar su máxima era cosa de todos los días o mas bien de todas las noches. Radicado en el puerto de Arica, su actividad principal era operar el transito de mercaderías de y hacia Bolivia que cumplía eficientemente de marzo a noviembre pero a partir de diciembre su única preocupación era la playa mientras el estío si es que hay alguno en Arica se lo permitía. Esta actividad playera se iniciaba a las 3:30 de la tarde y duraba hasta las 8:00 de la noche, después de una refrescante ducha y una buena corvina al ajillo se iniciaba el rito de preparación para aproximarse al mentado Casino de Arica para redundantemente utilizar un “sistema de apuesta” o formula secreta en la ruleta que le permitía ganar todas las noches.

Yo se que muchos matemáticos, expertos en probabilidades y estadísticos a esta altura del relato escépticamente dirán: - eso no existe, no puedes ganar siempre en la ruleta ni en cualquier otro juego de casino- . El individuo en cuestión nunca daba razón del método de éxito en la ruleta, y jugaba justo un instante antes de que el crupier gritara “no va más” y si veía que alguien lo perseguía en la jugada suspendía y esperaba o cambiaba de mesa. Su fama corrió por la costa del Pacifico y pasó a la costa del Atlántico, en la mayoría de los casinos modificaron sus reglamentos para que el individuo no pudiera jugar, sin embargo el no intento jugar en ningún otro casino de Chile ni Argentina ni de ningún lado. Como todas las noches de verano, luego de jugar tres horas en el casino, recogía sus fichas y se dirigía al bar del Casino y pedía su consabida botella de “Chivas”. Varias veces y por instrucciones de la Alcaldía de la Ciudad que a la postre es la propietaria del Casino intentaron “desalentar” al boliviano, pero por alguna razón siempre salía ganador. Nunca exageró, ganaba para pasarla bien, no para enriquecer, y hasta se convirtió en una atracción más para el Casino.

Por entonces llegaron jugadores profesionales de todo Chile, de Bolivia, de Perú, de Argentina y Paraguay para copiar el efectivo método. Hasta llegó una comisión de la Universidad de California  para realizar una tesis de doctorado, pero nadie pudo descifrar la forma en que el individuo decidía a que número apostaría y entre Negro, Rojo, Par, Impar, filas y calles, las computadoras no pudieron nunca predecir cual sería el siguiente número.

No faltaron quienes afirmaron que el secreto estaba en el whisky, que era la fuente de la inspiración, en esa época la demanda de whisky se multiplico por cien. Sin embargo ningún otro ser en esta tierra lograba descubrir el misterio. A este punto los credos religiosos empezaron asociar a un acto del maligno, exorcizaron el Casino, le echaron ríos de agua bendita, misas y cultos, inclusive una macumba, pero el individuo seguía ganando y seguía bebiendo su botella de whisky. Pero llegó la noche fatídica, la primera noche que increiblemente perdió, pero a la postre en vez de estar abrumado triste o cabizbajo ni siqiera  preocupado alegremente gritó: -mal en juego bien en amores!-.

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